Los ríos y la montaña

16 de May del 2017

El agua en Palenzuela es fundamentalmente el río Arlanza, que transcurre en su curso bajo a los pies de la Cuesta de la Horca, muy cerca de su unión con el Arlanzón, tres kilómetros más adelante, y después con el Pisuerga. Desde las riadas del invierno hasta los estiajes del verano, en cada momento del año la imagen del río es multicolor y evocadora. Es el único gran curso de Castilla y León que no está regulado con embalses, lo que por un lado es beneficioso para la naturaleza y el paisaje, pero por otro perjudicial en tanto las grandes lluvias o las sequías le afectan con mayor rigor.

Pequeñas corrientes espumosas dan paso a remansos en donde las ranas y los peces encuentran un hábitat saludable, y el ciclo se repite constantemente. También es posible hallar de vez en cuando pequeñas e inofensivas culebras de agua, cangrejos, patos y aves diversas... El caminante acostumbrado a las riberas disfrutará con la mayor variedad de fauna y flora autóctonas, y encontrará con frecuencia arroyuelos y manantiales que alimentan modestamente el tan variable caudal del Arlanza. El más importante de ellos es el arroyo Madre, afluente por la margen izquierda, que consigue mantener su caudal todo el año si el verano no es muy seco.

Junto al pueblo existió un molino de agua, del que quedan algunas ruinas, y para el que se excavó un canal de aporte que se desviaba del cauce principal. Aunque la Cuesta de la Horca no es una montaña de excesiva altura tal y como las conocemos (su cúspide se encuentra a 903 metros sobre el nivel del mar), sino un cerro de características singulares que impone su presencia sobre el paisaje en varios kilómetros a la redonda. Es el vértice donde se unen los valles del Arlanza y el Arlanzón, intersección natural de las comarcas del Campo de Muñó al norte, el Cerrato al sur y Tierra de Campos al oeste.

Como los páramos de la zona del Cerrato, este monte está compuesto por estratos calcáreos, áridos y sin apenas vegetación, de los que antaño se extraía yeso en algunos pueblos; son abundantes los cristales de este mineral que se encuentran en la ladera. Como los árboles no pueden penetrar sus raíces en estos suelos, sólo son posibles pequeños arbustos y plantas arómáticas, resistentes a los elementos. Cerca de la cúspide existen dos cuevas de gran profundidad, que fueron excavadas en parte por el hombre y que se utilizaron como puesto de observación e incluso como residencia en el pasado. Al nivel del pueblo, en las inmediaciones del castillo, las laderas están horadadas por cuevas-vivienda actualmente habitadas. Más atrás se encuentran las bodegas, muy numerosas, que también se internan en las profundidades del monte. La cima desnuda y expuesta al viento y la lluvia es un mirador privilegiado desde el que se alcanzan a vislumbrar los Picos de Europa en días despejados, además de toda la vega del Arlanza y la del Arlanzón, incluso la del Pisuerga.