Flora

16 de May del 2017

El chopo es el árbol que más abunda junto al río, joven y viejo, y aunque mucha parte del bosque ribereño es de reciente plantación, crece con rapidez y proporciona agradable sombra en verano.

Pero todavía sobreviven muchos ejemplares centenarios de chopo, con tronco grueso y nudoso, y de gran altura, que nos permiten vislumbrar cómo debió de ser el paisaje en otro tiempo. En el monte cercano, al sur y al oeste, se conservan todavía amplios encinares, bosques por excelencia de la meseta castellana. En las cuestas sobre las que se levanta el pueblo, y bordeando el camino de la ermita, se plantaron hace pocos años numerosos ejemplares de sabina albar, también llamada enebro, otro de los árboles vernáculos de las tierras castellanas y del río Arlanza.

También abundaron enormes olmos en los bosques de Palenzuela, hoy reducidos desgraciadamente a melancólicos esqueletos sin vida. En el casco urbano de la villa aparecen los árboles ornamentales más comunes, como las acacias y los plátanos de indias.

En la misma orilla del río, el especialista podrá reconocer las más variadas especies de flora arbórea autóctona, cada vez menos abundantes y cercanas a la extinción. Aun así, en algunas zonas resulta incluso imposible traspasar la espesura y acceder al agua. Entre los árboles, la vida también se mueve; liebres, topillos, zorros, nutrias y toda clase de aves encuentran cobijo en la verde frondosidad.